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Son muchas las empresas en las que sus colaborador@s no pueden acceder a redes sociales desde los ordenadores de la oficina. Y a la vez son muchos l@s colaborador@s que llevan sus propios dispositivos a la oficina para poder consultar sus redes sociales personales (y en algunos casos, también las de la empresa) en todo momento sin perder detalle. Este fenómeno es llamado BYOD (Bring you Own Device).

Se estima que es casi el 90% de los empleados, en países desarrollados, quienes practican el BYOD. Las empresas, en su mayoría, declaran una imposibilidad de hacer frente a esta tendencia. Cada vez es más frecuente ver compañer@s de trabajo llevar sus iPads, tablets y smartphones personales ante las políticas de austeridad de sus compañías en adquirir estos dispositivos como activo.

El hecho de traer tu propio hardware al sitio de trabajo no debería romper con ninguna norma implícita de los códigos de comportamiento corporativos de tu empresa, excepto que no se haya contemplado esta práctica en su Política conducta y privacidad corporativa y haya una normativa al respecto. Sería lo deseable, aunque soy consciente que a día de hoy es bastante improbable que la tenga.

El fenómeno del BYOD es uno de los temas que más van a preocupar en los departamentos de tecnología (IT), Recursos Humanos (RRHH) y Comunicación de las organizaciones en los próximos años, precisamente por el impacto que tiene en:

  • la productividad. Cada vez, y debido a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) va a ser más difícil diferenciar lo que es personal y lo que es profesional, en el “marco de trabajo”. No nos pasa por encima que esta ambigüedad juega un papel positivo y a la vez negativo para las empresas. El positivo es que el colaborador puede “seguir con su vida” (digital) aunque esté en el trabajo y su “tensión”/ansia por si “tiene que contestar mensajes” es mínima o inexistente. Mientras que si no tiene acceso, puede crearle angustias y ansiedades, que sin duda, va a trasladar en su lugar de trabajo en detrimento de sus labores. Los resultados que obtuve en una propsección en Twitter, hace tan solo 2 semanas atrás, concluía con una gran indiferencia sobre este tema por parte de los empleados (sólo contestó un 3% del total que vio la pregunta). Y de los que contestaron, el 79% declaraba estar disconforme en que su empresa limitara el acceso a sus redes sociales personales en su lugar de trabajo. El factor crítico será el tiempo que le dedique. Su responsabilidad como empleado, y lo estrict@ que sea su jef@ inmediato jugaran un papel decisivo.
  • la seguridad. Estamos hablando que damos acceso a informaciones de la empresa a personas determinadas, y por extensión técnica, hay que dársele este acceso a través de sus terminales informáticos. Si hoy estos terminales informaticos que le dan acceso a informaciones sensibles de la compañía son suyos y, por supuesto, hace con ellos lo que le rota y se los lleva donde quiere, está llevándose los accesos a esa información corporativa sensible consigo. Intranet, red privada corporativa, zonas restringidas.. pueden ser vulneradas por terceros, ajenos a la empreas, que tengan acceso a ese equipo. El trabajo conjunto entre personal del Departamento de IT (por hardware y redes) con RRHH (normativas y knowhow corporativo) y Comunicación (campañas internas, mensajes) deberá ofrecer una solución segura, eficiente y ajustada a la cultura de la compañía.
  • la privacidad. Que un empleado venga a la compañía con un dispositivo de su casa, donde convivan fotos de la barbacoa del fin de semana con amigos junto a directorio de presentaciones a clientes o al consejero delegado, tiene sus riesgos. Contenidos estrictamente personales y de ocio (descargas de internet, fotos y vídeos de temáticas varias) guardados en ese dispositivo sin filtro alguno, al lado de informes y cuentas de explotación puede ser una mezcla peligrosa tanto para sorprender a un amigo con una aburrida presentación sobre un producto estrella de la empresa, como para un cliente al que se le muestre una fotografía de un amig@ tomada a altas horas de la noche anterior.. La organización y destreza de la persona proyectarán su profesionalidad o sus limitaciones a unos y a otros.

Es más importante cada vez abordar estos temas candentes (como también comentábamos el caso de la propiedad de su cuenta Twitter personal) ofreciendo al empleado una política corporativa al respecto, con un posicionamiento claro en el que la compañía oriente el comportamiento de sus colaboradores en estas materias, en beneficio del buen desarrollo de la empresa, y el de sus trabajadores, como parte fundamental de la misma.

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Francesc Grau

Obrero de la comunicación y relación entre personas

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  • Albora

    Estoy de acuerdo en el tema de la seguridad, pero pienso que siempre es descuido del propio usuario, más que del uso de las redes sociales. También creo que prohibirlas es algo del pasado. Nosotros estamos utilizando un sistema basado en el programa WorkMeter, donde el usuario puede ver su perfil productivo y conocer el tiempo que dedica a sus tareas, productivas y no productivas. A partir de ahí, y siendo consciente, no existe la necesidad de prohibir nada a nadie. El trabajador debe aprender a gestionar su tiempo, organizarse, saber cuando puede pausar, o cuando debe recuperar. No todos los días somos igual de productivos, no somos máquinas!
    Y bueno, para la empresa, el programa es una fuente de información, pues sin espiar contenidos, genera gráficas de productividad por departamentos y globales, para conocer los flujos de trabajo y mejorarlos. Por si alguien quieres más info:

    http://web.workmeter.com/es/productividad-laboral.html?utm_source=ALSOURCE&utm_campaign=ALBERTO

  • http://www.francescgrau.com/ Francesc Grau

    Gran verdad, Albora! aunque los centros corporativos también tienen su parte de responsabilidad a la hora de marcar el terreno de juego.

    Muchas gracias por el recurso de WorkMeter! lo vemos :-)