Hoy quiero compartir contigo una bonita costumbre que celebramos año tras año, un grupo de familiares y amigos en esta festividad catalana, justo la mañana siguiente de Navidad, día de San Esteban. Salimos juntos del mismo punto de partida justo al amanecer, para subir al monte de Sant Miquel. Es un momento para ponernos al día entre todos, un momento para nosotros, sin móviles, sin estorbos.. sólo con el ritmo suave de subida hasta la cima, donde se halla lo que queda de un castillo medieval, con indicios que fuera de mediados del siglo XV.

Una vez arriba, disfrutamos de las magníficas vistas que el sitio ofrece, generosa naturaleza, de nuestra Tierra. Una Tierra que nos ha visto crecer al lado de los nuestros, y formarnos como lo que somos hoy, y que será sin duda observadora de lujo de años venideros con grandes cambios. El horizonte, por la mañana, parece disiparse tímidamente entre firme y cielo como si de una metáfora alegórica se tratase. Azul marino y celeste, horizontes otoñales en el alba.. invitan a la reflexión introspectiva, igual que a la conversación con apreciados acompañantes.

Sin duda, una cita en el calendario -en estas fechas- en mayúsculas.

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Francesc Grau

Obrero de la comunicación 💬 emprendedor tecnológico 💡 y autor 📚 de 2 libros sobre cultura digital

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