Con el verano ya como perspectiva, la salida del nuevo servicio social de la factoría Google, el espacio Google+, ha vuelto a forzar un nuevo fenómeno de desembarque identitario al que ya empezamos a estar acostumbrados (y por qué no decirlo, un poco cansados) los que nos pasamos el día, y quizá parte de noche, en la red.

La apertura de un nuevo sitio web donde encontrar personas y compartir con ellas toda clase de contenidos siempre se espera con ilusión (y los números, comentarios y reacciones así lo corroboran), aunque empieza a notarse una cierta fatiga digital en volver a entrar nuestros datos (por mínimos y fácilmente traspasables que sean) en un sitio con el que “volver a empezar de 0”.

A demás, la presencia en n redes y sitios sociales simultáneamente sólo tiene sentido si hay motivo para ello. En mi caso concreto, y compañeros del sector, cabe exculparnos por estar en todos lados por la simple razón de que por nuestro desarrollo profesional debemos actuar de testers de todos los productos que luego debemos usar como herramientas para quienes trabajamos y nos debemos: nuestros clientes.

Pero volviendo al quid de la cuestión: ¿qué sentido tiene para un usuario de a pie estar en toda red social apareciente?, ¿para qué ir migrando de plataforma en plataforma, duplicando o triplicando (en el mejor de los casos) su identidad digital que ya tiene en otros entornos, a uno nuevo?, ¿qué contenido ofrecerá en este nuevo sitio?, ¿va a replicar el mismo contenido que actualiza en los otros, fusilándolo a discreción hacia el nuevo?, ¿y con quién? ¿con los mismos contactos migrados de las otras redes sociales, que también usted es amigo? 😮

¿Dónde nos lleva este continuo fenómeno migratorio digital de red social en red social? La respuesta para esta pregunta es que para el usuario final: a ninguna parte. Me explico.

Los que tuvimos la gran suerte de iniciarnos en este mundo desde sus verdaderos inicios, hemos podido evolucionar al mismo lado del progreso cultural y tecnológico de la red, para hoy ya tener formado, con mayor o menor medida, un mínimo criterio al respecto.

  • entramos en el primario MySpace, todo un ‘universo musical’, en un permanente esbozo de red social que apuntaba a triunfo irrebocable (50 millones de usuarios este julio 2011)
  • el prematuro, y para mi, tecnológicamente demasiado avanzado por su época, SecondLife (20 millones de usuarios a principios de 2011). Incluso hubo quien compró terrenos e invirtió en valores bursátiles nativos (Lindens), con cotización propia
  • empieza la fiebre de “los Facebook”, iniciado con los americanos Classmates (tuvo un pico de 50 millones de usuarios en 2008) y Friendster (8 millones de usuarios en junio 2010). En España comienza a sonar Facebook (con 750 millones este julio 2011), junto a Hi5 (unos 100 millones de usuarios), y el primer intento de Google con Orkut (66 millones de usuarios en julio 2011). Grandes bailes de cifras espectaculares
  • empiezan a popularizar sitios de compartición de materiales audiovisuales, Flickr, Youtube..
  • se destapa la fiebre del tiempo real con Twitter (con 20 millones en marzo 2011) y una larga lista de colindantes: Plurk, Friendfeed, Yammer
  • se tematizan los espacios sociales profesionales con LinkedIn (100 millones en marzo 2011), Xing o Viadeo
  • sigue la actualización en tiempo real, ahora verticalizada por interés: Twitpic (fotos), Foursquare (geolocalización, con 10 millones de usuarios), Miso (lo que estás viendo en TV), etc.
  • aparece Google+ después del fracasado Buzz, y consigue 25 millones de usuarios en 1 solo mes

La entrada en cada uno de estos espacios requiere, evidentemente, del ingreso de información personal, por la propia naturaleza social del sitio, para identificar a los usuarios (también entre ellos) y para engordar la base de datos de la plataforma para que pueda empezar a cruzar intereses y dar lo que buscan a unos de los que ofrecen otros. Y este proceso de inscripción, después de haberlo hecho de varios sitios, se hace cada vez es más pesado. ¿Y para qué estar en sitios con similares posibilidades, con similares contactos (sino los mismos)?

El ser humano es social por naturaleza, además de curioso y expeditivo. Si juntamos las tres razones podemos tener una primera hipótesis del porqué un fenómeno migratorio digital social tan recurrente.

  • social: posibilidad de encontrarse y relacionarse con gente nueva, y ya conocida, de una forma mejor y de forma continuada
  • curioso: sobre cómo va a ser el nuevo sitio social, de qué manera va a conseguir conectarnos entre nosotros, si facilitará mejor que el sitio actual donde estemos la transferencia de información entre usuarios
  • expeditivo: necesitamos conocer nuevos sitios, rincones, explorar nuevas posibilidades, la novedad es una constante narcotizante en nuestra cultura occidental

Pero esta carrera para llegar a cada espacio social y desembarcar toda nuestra información personal, para asentar un campo base identitario y allí empezar de nuevo toda una estrategia de información y relación, no es sostenible. Y no lo es ni para una persona ni para una empresa. La rentabilidad que sacamos del tiempo invertido en cada uno de los espacios/redes sociales tiene que aportarnos un retorno (el que nos hayamos definido). Pero estar en espacios/redes sociales que cumplen con los mismos objetivos: conectar con nuestros amigos (“reales”), conectarnos con nuestros contactos profesionales, permitirnos publicar fotografías en cualquier sitio donde estemos, o informar de lo que nos pasa por la cabeza en un determinado momento; puede darle un valor único en cada uno de estos sitios (si le encontramos, claro).

No quiero cerrar sin antes apuntar el horizonte sostenible que creo que permanecerá en esta internet social, y van a ser aquellos sitios que sean capaces de convertirse en “portal de entrada” por su especificidad: actualizar estado, subir una foto, compartir donde estás… aunque después pueda replicarse esa información entrada por el usuario a otros sitios. Y aquí hay un actor que sabe mucho de ‘portales de entrada’: Google. El buscador está muy acostumbrado a ser la primera página de nuestra navegación. Hasta ahora, para que los marcadores sociales tuvieran efecto sobre los resultados de búsqueda, tenías que “estar logado” en sesión de Google, y claro: muy poca gente lo estaba. Pero hoy, con Google+ esto ha dado un giro de 180º. Todos los usuarios ingresados en Google+ permanecen logados dentro de su sesión mientras navegan, por lo que todos los “+1” y ediciones varias que se hacen sobre resultados orgánicos ya tienen efecto sobre toda la comunidad de Google+, también en el entorno del buscador. Y todos los demás del universo Google! Además, los contenidos compartidos por usuarios logados en la herramienta social influyen sobre ese contenido, sumado al conjunto de reacciones que vaya generando.

Nos enfrentamos a un nuevo ecosistema neosocial (nunca antes la actividad dentro entornos digitales había sido tan importante para las búsquedas fuera de ellos) en el que:

  • la actividad que se genere en la web (el substrato más abierto y natural de lo digital) no tendrá que ser importado hacia entornos sociales cerrados (ej: enlaces compartidos en Facebook). En este sentido, esta apertura lo twitteriza
  • la influencia de los usuarios (en relación al contenido que generen y comparten, y las relaciones que tengan) será mucho más natural, ya que su comportamiento se desarrollará en su propio hábitat: la web, y dentro subsistemas sociales
  • los resultados en las búsquedas orgánicas se ven claramente afectados por un ‘socialrank’ del compartidor del recurso aparecido en el resultado a la búsqueda. Este factor que a priori podría parecer muy positivo me genera dudas. Criterios completamente subjetivos por delante los ‘objetivos’
  • Google actuará de facto como compañero de viaje de nuestra dimensión digital, y auténtico facilitador y ama de llaves para toda nuestra actividad online: campo base de marca personal, puente relacionar entre círculos de amigos y conocidos, buscador de recursos, centro de comunicaciones via email, ubicador de localizaciones, gestor documental de nuestro archivo audiovisual, proveedor de experiencia grupal personal y profesional, marketplace B2B & B2C, telecomunicador a tiempo real, etc.

Aunque en estos tiempos de enormes cambios culturales, me atrevería a decir que puede que estemos ante el sitio definitivo donde consolidar nuestros datos personales. El uso que se le den, da para otro post… 😛

[photo by keriatti]

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Francesc Grau

Francesc Grau

Obrero de la comunicación 💬 CEO de Chatforce.tech 💡 y autor 📚 de libros, artículos y este humilde blog

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