En la época de la comunicación unidireccional, antes del dospuntocerismo, los mensajes emitidos en los medios de comunicación del momento no se les exigía más allá de conseguir destacar (llamar la atención, conseguir visibilidad) y ser memorables. Y es que la comunicación unidireccional no exige relación, sólo información. Pero en el momento actual, los códigos de atención y retención con las personas han cambiado, se exige un elemento más. Han cambiado junto a la aparición de nuevos medios que facilitan la creación y transmisión de este nuevo elemento, único e indispensable. Un elemento de base tan humana como es la misma libertad. La libertad de escuchar, de seguir, de interactuar con quienes realmente nos interesa, sean perfiles con un avatar de persona al frente, o con un logotipo de marca (con persona igualmente detrás). Una libertad que en los medios sociales se goza a diario: seguimientos a personas, a marcas, a grupos, a listas.. porque “interesan”, y al mismo tiempo unfollows, abandonos de grupos, de páginas, de perfiles.. porque dejan de “interesar”. Y es que es justamente aquí donde radica la clave del crecimiento en esta internet social.

Los que nos dedicamos a intentar ayudar a quienes necesitan de una estrategia para mejorar su presencia online, a veces nos llenamos la boca de que este interés se consigue “aportando valor”. Pero ¿quién profundiza en este concepto? ¿Qué es exactamente y cómo se consigue el valor?

Todos los medios sociales se componen de un discurso fraccionado en piezas de contenido. La calidad del conjunto de publicaciones de cualquier espacio social es el que determinará y se ganará el volumen de su comunidad. Para ello, deberá aportar este valor en cada una de las piezas que lo conforman, sumando un trocito al conjunto. Son los receptores de todas estas pequeñas piezas de contenido (tuits, posts, fotos, vídeos..) quienes de una forma ahora ya casi automática, decidirán si seguir siguiendo -y perdón por la redundancia- al perfil o abandonarlo si consideren que dichas piezas no les aportan nada en su conjunto.

Como definir este concepto es verdaderamente complejo y no existe fórmula exacta, me ayudaré de unas afirmaciones que lo dibujan con un trazo bastante fino..

  • contiene valor si suscita el interés de quien va dirigida la comunicación
  • contiene valor si motiva al destinatario/a a continuar siguiendo el perfil que lo emite
  • contiene valor si realmente aporta, sea en fondo o en forma (contenido o formato)
  • contiene valor si es lo que desea conseguir quien lo recibe, sea por esperado o inesperado (sorpresa)
  • contiene valor si genera reacción positiva, incluso en algún caso también negativa (si fuera lo esperado)
  • contiene valor si acerca o ayuda a comprender lo hasta entonces desconocido (personalidad, intimidad.. de empresa, persona, marca..)
  • contiene valor si facilita el contacto directo o la sensación de accesibilidad, cercanía emocional
  • contiene valor si construye una idea, sobre algo o alguien, que nos interesa (para bien o para mal)

Ni mucho menos tienen que cumplirse todas en cada pieza que emitimos, pero sí que cada “comunicación de valor” (un tuit, un post, una fotografía, un vídeo, una presentación..) que publiquemos, tendrá que contener una o varias de ellas para seguir consolidando la comunidad actual e ir creciendo poco a poco con nuevos usuarios (seguidores, subscriptores, contactos..).

Si tienes más ideas de lo que crees que ‘aporta valor’ en una publicación, no las dejes en el tintero, puedes añadirlas aquí comentando 🙂

[photo by ElaineSelene]

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Francesc Grau

Obrero de la comunicación 💬 emprendedor tecnológico 💡 y autor 📚 de 2 libros sobre cultura digital

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