parallelLa vida digital, por más natural que pretendamos que sea, no lo es. Siempre requerirá de intervención que permita la publicación de información y de relación con los demás. Si no hay, al menos, permisión activa no hay actividad digital.

Esta necesidad de la acción en publicar implica una proyección digital del individuo que comparte, que puede distar tanto del real como él crea/quiera.

Incluyo el concepto de “permisión activa” porque podríamos pensar en publicar información automáticamente originada desde nuestra actividad fuera de la red. Pongamos por el caso likear páginas en Facebook con accionar un mecanismo (o tan sólo verlos), realizar check-ins en Foursquare al visitar sitios con algún tipo de dispositivo wireless, o incluso tuitear o publicar en muros de Facebook en accionar según qué gadgets o mecanismos. Estas automatizaciones valen una, dos o tres veces. Luego hay que ‘demostrar’ a la comunidad que estas allí, respondiendo, comentando con los demas, publicando de tu propia cosecha, aportando valor real.

Supongo que no hace falta decir que estas actualizaciones automáticas, aunque fueran en un contexto real (son posibles) no se corresponden a una actividad realista ni sostenible. Al menos con el estado de la tecnología que está al abaste de todo el mundo hoy, junto a la cultura de su uso. Hoy por hoy, nuestra identidad digital requiere de nuestra ‘alimentación’ continuada y coherente, de no ser así o morirá o perderá credibilidad para los demás.

Ejemplos:

  • el síndrome boomerang de el ‘privado de tiempo’: much@s usuarios alegan a la falta de tiempo en publicar información en sus perfiles online. Si no publican, quienes les ven en internet no tienen por qué tener la percepción de que tienen mucho trabajo, sino que el efecto puede ser el contrario: que son perezosos de actualizar
  • si está enfermo, puede que no pueda publicar. Por lo que su identidad digital (la que los demás perciban de la misma en la red) puede que nunca sepan nada sobre su dolencia (si  no deseas, claro)
  • de igual forma pero al revés, si en vez de actualizar poco se actualiza mucho, la percepción es justo la contraria: la de mucha actividad, aunque la situación del administrador de los perfiles sea la de alguien sin casi tiempo, y que el poco que tiene lo dedica a su identidad digital
  • ..y saldrían más..

En cualquiera de los casos anteriores, la percepción de quien ve los perfiles de los demás no se ajusta a la realidad de su administrador a causa de la necesidad de tener que tirar adelante sus perfiles digitales.

Con esto me gustaría resaltar 2 realidades:

  1. nuestra identidad digital depende directamente de nuestra identidad offline. Aprovechémoslo como una gran oportunidad de proyectar lo bueno que hay en nosotros. Los códigos publicitarios eran monopolio de los grandes medios de comunicación tradicional (TV, radio, prensa..). Internet ha democratizado el acceso a la publicidad personal. Cualquier individuo conectado a la red puede anunciar/dar a conocer a él o al producto/servicio que quiera. Tiene una audiencia global esperándole, con la inversión de tiempo y unos pocos recursos.
  2. aquí viene la alerta: este acceso al recurso online es fantástico, pero la dimensión digital ya se ha creado su “biosfera vital” con todos sus agentes benignos y malignos. El ruido crece y la labor de saber separar los unos de los otros se hace cada vez más necesaria (imprescindible). Nada nuevo: la vida misma, como la que hay fuera de la red.

(photo by topcultured)

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Francesc Grau

Obrero de la comunicación 💬 emprendedor tecnológico 💡 y autor 📚 de 2 libros sobre cultura digital

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